PREHISTORIA
Pudiera ser que el hombre se asentara en estas tierras en el Paleolítico Inferior o Medio,
pero con seguridad podemos fechar, gracias a los restos hallados, el poblamiento de esta zona en el
Paleolítico Superior, hace 30.000 años. Dentro de dichos restos, los que aparecen con más
frecuencia son las herramientas de piedra tallada que usaban para cazar, limpiar pieles, etc.
Después de la última glaciación, el clima se dulcifica y ello nos conduce directamente a la
"revolución Neolítica", en la que el hombre cambia por completo su forma de vida convirtiéndose en
agricultor, ganadero y otras actividades sedentarias. En Bornos, apenas existen restos de esta
etapa, pero la riqueza del material Paleolítico hallado nos hace pensar que hubo también un
Neolítico desarrollado, hecho que se podrá demostrar cuando se lleven a cabo excavaciones
arqueológicas sistemáticas.
Al desarrollarse la agricultura se plantea la necesidad de mejorar los utensilios y pronto
se descubren las ventajas que posee el metal sobre la piedra. Las técnicas empleadas en el uso de
los metales llegan del Mediterráneo oriental y se perfeccionan en Andalucía gracias a su riqueza
minera, llegando a su máximo esplendor hacia el año 1000 a. C. con el desarrollo de la cultura
tratéis. Relativo a esta etapa, se ha encontrado en Bornos una magnífica espada de bronce, fechada
en el año 900 a. C., cuya importancia radica en ser la primera hallada en la provincia de Cádiz.
Esta espada se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico de Jerez de la Frontera.
EDAD ANTIGUA
Antes de la llegada de los romanos al Sur de la península, ésta estaba habitada por un
conglomerado de pueblos influenciados por diversas culturas, que darían lugar a una floreciente
civilización ibérica.
El paso de esta civilización ibérica a la romana lo podemos observar en la zona de Bornos a
través de las ruinas de Carissa Aurelia, situadas a unos 3 Km al Oeste de Bornos. En primer lugar,
gracias al descubrimiento de unos leones tallados en piedra, podemos conocer que allí existió un
importante centro de población ibérica. Al parecer, este tipo de escultura iba colocado en
monumentos funerarios, cumpliendo una función simbólica de defensa del difunto, lo cual es una
costumbre de origen oriental. Junto a estas suntuosas imágenes, costeadas por una clase social
dirigente y poderosa, aparecen figurillas de pequeño tamaño, posiblemente exvotos depositados en
tumbas de una clase social inferior. También encontramos restos de cerámica realizada a torno y
decorada con bandas horizontales. Todos estos restos nos hacen pensar en un nivel de vida avanzado,
con una sociedad de gran prosperidad económica, basada en la agricultura, ganadería y comercio.
Posteriormente, la influencia romana se va extendiendo y con el paso de los años, Carissa se
convirtió en una importante ciudad romana. Según Plinio sabemos que Carissa tuvo, dentro del
sistema administrativo romano, la categoría de Municipio, lo que quiere decir que se respetó su
organización administrativa y jurídica tradicional, aunque con dependencia del Gobernador de la
Bética. Más tarde, durante el gobierno de Vespasiano, se extendió el derecho de ciudadanía por todo
este territorio, dejando Carissa de ser Municipio para convertirse en "Cives romani" lo cual le
daba el privilegio de acuñar moneda. En Carissa se han encontrado numerosos restos arqueológicos y
escultóricos de esta época romana, aunque la mayoría se hallan en colecciones particulares, entre
los que destacan: fragmentos de inscripciones; una esculturilla de bronce representando una Venus
desnuda; dos esculturas femeninas de mármol que representan ninfas acuáticas; un busto de la diosa
Ceres con restos de policromía; una cabeza femenina, actualmente expuesta en la Casa Consistorial;
abundantes monedas y restos de cerámicas.
La última etapa de Carissa corresponde a la decadencia del poder imperial romano, que trae
como consecuencia la entrada de los invasores bárbaros y el establecimiento y permanencia visigoda
hasta la llegada de los árabes. De este momento se han encontrado algunos restos arqueológicos,
entre los que destaca una lápida que hace referencia a las reliquias de diversos santos y que, en
la actualidad, se encuentra empotrada en la fachada de la Iglesia Parroquial.
EDAD MEDIA
Con los árabes desaparece definitivamente Carissa y el pueblo comienza a asentarse en torno a
una torre fortificada que sería más tarde el Castillo de Bornos. Dicha población estaría incluida
en la provincia árabe de Medina, llamada entonces Saduna y, aunque no se conserven muchos
documentos, suponemos que Bornos tuvo en estos momentos vida pacífica, con una población poco
numerosa que se dedicaría sobre todo a la agricultura. Respecto a este último aspecto, cabe
recordar que el cultivo del campo experimenta un notable desarrollo gracias a la abundancia de
aguas que siempre tuvo Bornos y al gran conocimiento que los árabes tenían de diversos sistemas de
riego (acequias y norias).
Bornos pasará por las distintas etapas de dominación islámica que sufrió la península. Así,
tras el califato aparecerán los primeros reinos de Taifas y los árabes protagonizarán una serie de
luchas internas por el poder hasta los que los almorávides conseguirán de nuevo la unificación.
Posteriormente, se entrará en un período de decadencia y surgirán los segundos reinos de Taifas
hasta que los almohades imponen su autoridad sobre los distintos Taifas. Pero en el siglo XII, las
fuerzas de los almohades están muy debilitadas y se produce una decadencia que dio ventaja a los
reinos cristianos del Norte de la península. Esta expansión culmina en 1248, cuando Fernando III
toma Sevilla.
La evolución señorial de Bornos arranca en 1258 con la donación que hace Alfonso X "el
Sabio" a Per del Castel por un Privilegio Rodado, como premio a los servicios prestados a la
Corona; poco después vuelve a ser villa de realengo y en 1304 el rey Fernando IV cede la plaza de
Bornos a Fernando Pérez Ponce; en 1323 el dominio pasa a los señores de Marchena, los Ponce de
León, hasta que se vendió a dos regidores sevillanos: Alfonso Fernández Marmolejo y Martín
Fernández Cerón (1387); sólo el primero hizo efectivo el precio de la compraventa, así que en 1398
pudo hacer valer sus derechos y vendió Bornos, su castillo y su término, por 3.000 doblas, al
Adelantado Mayor de Andalucía D. Per Afán de Ribera I. Lo cual quiere decir que en 1998 se
conmemoró el VI Centenario de este hecho, que tanto tuvo y tiene que ver con Bornos, hasta el punto
de que el Escudo de la Villa coincide plenamente con el de la familia Ribera.
El linaje de Ribera procede de Galicia; el primer abuelo del primer Per Afán, Lope López de
Ribera, se afincó en Sevilla a inicios del s. XIV y recibió algunas heredades; su hijo, Ruy López
de Ribera recibió el dominio de dos aldeas: Huédar y Estercolinas (actualmente, Olivares e
Hinojos). Pero el auténtico forjador del linaje fue D. Per Afán de Ribera I, motejado "el Viejo",
pues vivió 105 años (1318-1423). En 1380, el Rey Juan I le concede el castillo de Las Aguzaderas,
por permuta de unas casas en Sevilla; se justifica el trueque por ser el antedicho castillo lugar
fronterizo y D. Per Afán persona muy idónea para su defensa. En adelante, la figura de éste no hizo
más que crecer en importancia política y fue, sucesivamente, Caballero Veinticuatro de Sevilla
(1384), Capitán General de la Flota en el asedio de Lisboa (1385), Notario y Adelantado Mayor de
Andalucía (1386).
El título de Adelantado, además de comportar la defensa de la frontera del Reino de Castilla
contra el Nazarí de Granada, conllevaba altas atribuciones políticas, jurídicas, gubernamentales,
etc., pues simbolizaba el poder real en ausencia del Rey. Paralelamente a este ascenso político, va
adquiriendo los primeros territorios que incorpora a su casa; así, entre 1394 y 1396, compra el
lugar de Espera y en 1398, Bornos. Éstos y otros muchos son incluidos en un mayorazgo instituido en
1411 (el mayorazgo es una figura jurídica del derecho de sucesiones, por el que se vinculaban los
bienes contenidos en el mismo, a la persona que venía a suceder al propietario o señor anterior de
los mismos; normalmente, el primogénito). Entre 1421 y 1423 fueron dictadas las disposiciones
testamentarias de D. Per Afán de Ribera I, confirmando el mayorazgo y otorgándoselo al primogénito
de su segundo matrimonio, D. Diego Gómez de Ribera; éste ensanchó el patrimonio de la casa de
Ribera. En 1434, muere en el cerco de Álora y su hijo, D. Per Afán de Ribera II (1420-1456) le
sucede; contrajo dos matrimonios a lo largo de su vida: el primero, con una hija de los señores de
Aguilar, con grandes dominios en Córdoba; el segundo, con Dª. María de Mendoza, hija del célebre
escritor D. Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana.
Don Per Afán de Ribera II funda en 1447 un mayorazgo en favor de su hija Dª. Beatriz de
Ribera, en el que Bornos queda como bien de libre disposición. Al fallecimiento de D. Per Afán, su
sucesión plantea no pocos problemas, al carecer de descendencia varonil; por ello, Dª. María de
Mendoza, la segunda esposa, concierta el matrimonio de Dª. Beatriz con D. Pedro Enríquez,
segundogénito del Almirante Mayor de Castilla. A partir de entonces, para no perder el linaje
Ribera, se unificarán ambos apellidos. Dª. Beatriz muere prematuramente y D. Pedro Enríquez casa
con la hermana de su difunta esposa Dª. Catalina de Ribera, que fue fundadora del Hospital de las
Cinco Llagas en Sevilla, sede actual del Parlamento Autonómico Andaluz. De ambos matrimonios hubo
descendencia, sucediendo el mayorazgo en la persona de D. Francisco Enríquez de Ribera (primogénito
del primer matrimonio), cuyos restos están depositados en el antiguo Convento de monjas clarisas
franciscanas de Bornos, Corpus Christi, junto a los de su esposa Dª. Leonor Ponce de León. Bornos
sigue siendo bien de libre disposición, lo que obligó a una concertación entre D. Francisco
Enríquez de Ribera y Dª. Catalina de Ribera, en favor de sus hijos D. Fadrique y D. Fernando,
siendo para D. Francisco el dominio sobre Bornos. Murió éste (1509) sin descendencia, concediendo
en su testamento numerosas mandas sobre Bornos a los monjes jerónimos del Monasterio de Santa María
del Rosario, que había fundado en Bornos en 1505; esto dio lugar a un complicado y largo pleito con
su sucesor, su hermanastro D. Fadrique. Éste fue el primer Marqués de Tarifa, por concesión de la
Reina Dª. Juana en 1514.
EDAD MODERNA
A partir de la conclusión de la Reconquista, se produce un gran cambio en la nobleza
española. El guerrero por antonomasia se transforma (en este caso, precisamente, en la persona de
D. Fadrique Enríquez de Ribera) en el noble culto y moderno, mecenas de artistas, interesado por el
arte y la cultura en sus más diversas manifestaciones. Efectivamente, D. Fadrique realiza un famoso
viaje a Tierra Santa (1518-1520), al que parte desde Bornos, haciendo un periplo por Europa, más
concretamente por Italia, que atraviesa dos veces, alcanzando unos grandes conocimientos del
Renacimiento; y que luego aplica a sus dominios en Andalucía, viéndose especialmente favorecidos
sus Palacios de Bornos y Sevilla.
Don Fadrique muere en 1539, sucediéndole su sobrino D. Pedro Enríquez de Ribera, que adopta
el nombre de Per Afán de Ribera, en honor del forjador del linaje. Fue éste el primer Duque de
Alcalá de los Gazules en 1558 por concesión de Felipe II. D. Per Afán de Ribera III es sucedido por
su hermano D. Fernando Enríquez de Ribera, al carecer el primero de descendencia legítima. A D.
Fernando le sucede su hija Dª. María Enríquez y a ésta (tras un largo pleito que interpusieron
varios descendientes masculinos sobre la sucesión) Dª. Ana María Luisa Enríquez de Ribera y
Portocarrero, casada con un Duque de Medinaceli. De esta forma, la casa de los Duques de Alcalá,
anteriormente de los Adelantados Mayores de Andalucía, así como todos sus territorios y dominios,
pasaron a formar parte de la Casa Ducal de Medinaceli, por ser ésta de mayor rango en la jerarquía
nobiliaria española, al descender en línea directa de Rey (Alfonso X "el Sabio"), con derecho al
trono.
Centrándonos en Bornos, podemos decir que esta villa fue la auténtica cuna de los Ribera y
de los Adelantados Mayores de Andalucía, residiendo muchos de ellos en Bornos durante la Edad
Media, y prefiriéndolo a otras casas y a otras posesiones. Precisamente por esa fuerte vinculación,
Bornos es auténtica cuna del Renacimiento en la Baja Andalucía (afirmación hecha por el catedrático
de Historia, D. Antonio Sánchez González, Director del Archivo de la Casa Ducal de Medinaceli), por
ser la familia Ribera la que mejor se adapta al Renacimiento frente a otros nobles de la época,
como los Ponce de León (Duques de Arcos), los Medina-Sidonia o los mismos Medinaceli, antes de la
unión de los dos linajes. Bornos es el gran beneficiado de dicha evolución de la familia Ribera,
que se ejemplifica en la transformación del Castillo del Fontanar, pensado para la defensa, en un
palacio ricamente ornamentado con obras de arte procedentes de Italia y, también, salidas de las
manos de renombrados artistas que fueron traídos al efecto, como por ejemplo, Benvenuto Tortello,
Giuliano Meniquini, Baltasar Barón, Hernán Ruiz, Gil de Ontañón, Alonso Rodríguez, Diego de Riaño,
etc. Otro ejemplo palpable de esta labor está en la gran cantidad de edificios e instituciones
fundadas en la época como, por ejemplo, el Convento del Corpus Christi o el Colegio de la Sangre.
Otra herencia dejada por los Enríquez de Ribera, en concreto el Peregrino a Tierra Santa, D.
Fadrique, fue la primicia de la práctica religiosa del Vía Crucis: D. Fadrique, según narra en su
libro, midió la distancia entre el pretorio del Palacio de Poncio Pilatos (lugar del que partió
Cristo con la Cruz), hasta el Monte Calvario (lugar de su Crucifixión); a su vuelta, calculó dicha
distancia en Bornos, partiendo de la puerta del Monasterio de Santa María del Rosario hasta un
punto donde levantó un templete (denominado posteriormente Cruz de Esperilla), erigiendo el primer
Vía Crucis de España. En su casa de Sevilla hizo lo mismo desde la puerta del Palacio de los
Adelantados (conocida hoy, y por ese motivo, como Casa de Pilatos) hasta un templete que ya existía
(la Cruz del Campo).
En el s. XVII se llegaría a una profunda depresión económica y social; ésta comenzaría a
principios de siglo con una gran epidemia de peste que afectó a Bornos fuertemente. El 4 de julio
de 1649, día de San Laureano, cesó la epidemia; convirtiéndose dicho santo en el patrón actual del
pueblo. Esta crisis afectó a todos los sectores de la sociedad; las grandes casas señoriales
estaban sujetas a concurso de acreedores, debido en parte a la mala administración y en parte a un
gran derroche material, pero el carácter inalienable del patrimonio de estos señoríos impedía que
se materializara la quiebra.
En el s. XVIII hubo también oleadas de epidemias pero nunca tan graves cono en el siglo
anterior. Se introducen nuevos cultivos (maíz y patata) y se hacen mejoras administrativas. Fue un
siglo de reconstrucción y prosperidad. En el Monasterio de los Jerónimos se desarrolló una muy
interesante corriente cultural. Merece nombrarse la figura de Fray Pedro Mariscal, sabio fraile de
la orden de los Jerónimos, nacido en Benaocaz, que dedicó su vida al estudio de Bornos y sus
tierras; entre sus obras se encuentra el manuscrito “Historia y antigüedades de la villa de Bornos
y su comarca”, siendo también autor de un inventario epigráfico, que se conserva en la Biblioteca
Colombina. Otro monje de gran mérito de este mismo Monasterio fue Fray Esteban Rallón, que escribió
"Historia de Jerez", texto que ha servido de base a numerosos investigadores contemporáneos que
realizaron, y realizan, estudios sobre esta ciudad cercana a Bornos.
EDAD CONTEMPORÁNEA
El siglo XIX comienza en Bornos, al igual que en toda España, con una guerra destructora y
sin cuartel; es la lucha contra el invasor francés: la Guerra de la Independencia. En 1811, los
franceses se adueñan del pueblo y levantan dos castilletes de defensa, pero Ballesteros, utilizando
el factor sorpresa, logra recuperar la población. Meses más tarde, el general Conroux se acantonó
en Bornos, como punto clave para la defensa del Guadalete.
En 1812, Bornos vive un periodo de paz. En 1813 se crearon los límites de la Provincia,
fijándose los siguientes partidos: Cádiz, Jerez, El Puerto de Santa María, Algeciras y Sanlúcar de
Barrameda. En 1820, restablecido el sistema constitucional, se decretó una nueva división
territorial, que es la que rige en la actualidad.
A través de la obra "Diario del viaje a Bornos y a Ubrique", de Frasquita Larrea, podemos
afirmar que la situación es semejante a la de los siglos anteriores: la población se dedica a las
labores agrícolas y el suelo continúa siendo, en su mayor parte, propiedad de la nobleza. El
municipio cuenta con terrenos comunales y de propios; los primeros son, por lo general, poco
productivos, dedicados al aprovechamiento común de los vecinos: recoger leña, llevar el ganado a
pastar, etc. Los terrenos de propios son los trozos mejores de esa tierra común que, por ser
cultivables, se arriendan a los campesinos en subasta, normalmente por tres años. Con los ingresos
de estos arrendamientos se cubren los gastos del municipio.
Es ahora cuando el proceso de disolución del régimen señorial, iniciado en el reinado de
Felipe V y continuado por Carlos III y Carlos IV, llega a su punto culminante, pues en 1837 la
nueva ley señorial determina que los señoríos pasen a propiedad particular. Se pensaba que la
tierra, al quedar reducida a la propiedad privada, entraría de lleno en el proceso económico. Al
poder venderse y dividirse, se cambiarían las estructuras sociales, lo cual debería dar lugar a una
importante transformación de la agricultura. Además, el Estado recababa para sí todas las
jurisdicciones, así como los derechos y rentas. Esto significaba el fin de los señoríos.
El paso de tierras señoriales a propiedad privada originó una larga serie de pleitos, pues
los señores se habían apropiado frecuentemente de parte de las tierras comunales. En el citado año
de 1837, Bornos tuvo, por esta causa, un pleito con la Casa Ducal de Medinaceli: los vecinos
reclamaban que "las tres dehesas llamadas Cerro de la Horca, La Sanguijuela y El Lecho las tienen
usurpadas y son de aprovechamiento común de los vecinos". Este pleito, al igual que la mayoría de
este tipo, concluyó con la declaración de propiedad particular de todo cuanto el señor disfrutara
en aquel término. Resueltos los pleitos y con unos ayuntamientos sumisos, los nobles se
convirtieron en los mayores propietarios agrícolas de Andalucía occidental. No obstante, las
tierras desamortizadas fueron a parar a manos de la burguesía industrial, de los grandes
arrendatarios y de los administradores del señor.
Estos cambios no trajeron ninguna ventaja para la vida de los campesinos, ya que los nuevos
propietarios de tierra no inician una explotación mejorada y racional; se compran tierras para
confirmar un prestigio social y no para mejorar un sistema de producción. Este proceso va unido a
la existencia de una mano de obra muy barata: braceros, que trabajan en la época de recogida de
cosechas, a cambio de un jornal de subsistencia.
Las tierras de propiedad eclesiástica sufren un proceso semejante, según los datos
conservados en el Archivo Histórico de Cádiz; las ventas desamortizadas en Bornos fueron de la
siguiente manera: de una superficie total cedida de 101 Ha., 60,9 Ha. pertenecían al clero y 40,1
Ha. a los bienes de propios. Estos bienes carecían de importancia frente a las 2.809 Ha. que poseía
la Casa de Medinaceli.
Respecto a la evolución de la Villa, se poseen una serie de datos que proceden de varios
censos y diccionarios geográficos, a través de los cuales se observa:
Un aumento de la población. La existencia de gran abundancia de aguas potables, medicinales
y manantiales. La producción agrícola se basaba en el trigo, la cebada, los garbanzos, las habas,
el aceite, las frutas y hortalizas. Existían dos fábricas de alfarería y cuatro molinos de aceite.
La existencia de varios caminos vecinales, siendo el mejor de todos ellos el que conducía a Arcos.
Una descripción de primitivos aperos de labranza.
Sin duda, el auge del movimiento obrero en Bornos fue producto de la desigualdad social
descrita. La ideología de este movimiento obrero era, sobre todo, socialista; aunque también el
componente anarquista era un elemento más que se añadía a la masa social de las clases más
desfavorecidas.
Éste que hemos denominado "movimiento obrero en Bornos" se manifestó de dos formas: En
primer lugar, el Sindicalismo, que cobró gran pujanza y, por ejemplo, a finales del s. XIX la
A.I.T. contaba en el municipio con más de 500 afiliados. En segundo lugar, las Sociedades o Centros
de Obreros, consecuencia directa del auge sindical, pues la mayoría fueron promovidos por la Unión
General de Trabajadores (U.G.T.); se tienen noticias de, al menos, tres: la Sociedad de
Agricultores "La Fraternidad"; el Centro Obrero “La Lucha es Vida” y el Centro de Oficios Varios
"La Armonía". Se reunían quincenal o mensualmente en locales, casi siempre alquilados, en los que
discutían sobre la marcha del trabajo en el campo e invitaban a líderes sindicales de localidades
vecinas para disertar sobre temas como la reforma agraria o las bases de trabajo; precisamente en
la negociación de estas es donde ejercían una labor de presión muy importante, pues las sociedades
proponían directamente a los patronos, en nombre de los trabajadores, unas bases de trabajo que
pretendían regular tanto el horario laboral, como el salario a percibir por cada categoría de
trabajador. En caso de no llegar a acuerdos, lo que ocurría no pocas veces, solían convocar huelgas
como medidas de fuerza. En estos casos, casi siempre acababa mediando el Ayuntamiento, que hacía de
conciliador entre ambas posturas. Estas Sociedades o Centros subsistieron hasta bien entrado el
siglo XX.
El último tercio del siglo XIX fue una época muy convulsa en Bornos: baste decir que en
Noviembre de 1872 fue incendiada la Casa Consistorial por un grupo de exaltados (poco se sabe sobre
los autores del hecho, pero, por la correspondencia que ha quedado de la época, se especula con que
era tal el volumen de deudas que, por impuestos, acumulaban la mayoría de los vecinos en el
Ayuntamiento, que los incendiarios quisieron acabar con la constancia documental de estas deudas,
para imposibilitar su cobro). El fuego provocó un desorden y un caos administrativo tan enorme en
los años siguientes que el Ayuntamiento y el pueblo de Bornos tardaron bastante tiempo en
recuperarse.
Habría también que resaltar, de esta misma época, los incidentes que, durante la I República
(entre Julio y Agosto de 1873), condujeron a la declaración de Bornos como Cantón Independiente:
todo comenzó por un incumplimiento patronal de las bases de trabajo que regían aquel verano; acto
seguido, algunos obreros decidieron poner fin, de manera drástica, a dicha situación y salir a los
campos a hacer cumplir la jornada laboral a rajatabla y de una manera muy expeditiva: cuando
terminaba la misma, obligaban a todos los jornaleros a cesar en sus tareas a punta de escopeta.
Posteriormente, se constituyó un Comité de Salud Pública, de ideología anarquista, que concluyó por
declarar Bornos como Cantón Independiente. Este fenómeno estuvo generalizado no sólo en la
Provincia de Cádiz, sino también en el resto de España y tuvo su origen en la discusión
parlamentaria que tuvo lugar sobre la Organización Territorial del Estado, en el marco de los
debates del Proyecto de Constitución de la República.
EL SIGLO XX
Se analizará el presente siglo de manera muy breve. La historia actual es el resultado de una
trayectoria mucho más larga y, así podemos decir que la situación presente deriva de las
circunstancias de siglos pasados, que, por lo general, fueron muy deficientes en auténticas mejoras
y muy pobres en cambios que favorecieran la situación del campesinado; por eso los pueblos
andaluces, entre ellos Bornos, vivieron un atraso cultural y económico profundo, existiendo
estructuras sociales de fuerte desequilibrio.
La situación general del pueblo mejora durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Existe una memoria que se realizó para la Provincia de Cádiz entre 1923 y 1928. Según dicha
memoria: El abastecimiento de aguas potables se efectuaba desde el manantial de El Nacimiento, a
través de cañerías de hierro. El alcantarillado es parcial. El alumbrado público es por
electricidad. Su principal riqueza es el trigo, la ganadería y los olivares. Se destaca la pequeñez
del término municipal y que muchos agricultores trabajan en tierras de términos vecinos.
Y en esta época de resurgimiento y recuperación del esplendor nos plantamos en la Historia
de Bornos, para entroncarla con el presente, en el que Bornos sigue luchando consigo mismo y sus
circunstancias para volver a ser lo que fue; apostando fuerte para que en todas partes se descubra
a este gran desconocido que es nuestra Villa de Bornos; para crecer, aunque sea a la sombra de
otros más grandes, pero con su propia personalidad e idiosincrasia.
Ayuntamiento de Bornos. Todos los Derechos Reservados.
2007